El “gran culpable”, ¿Qué Lenin hoy? // Diego Sztulwark

12 de noviembre de 2017 / Autor: Diego Sztulwark / Fuente: Lobo Suelto

Ya era una transformación incorporal la que había extraído de las masas  una clase  proletaria en tanto  que agenciamiento de enunciación, antes de  que se dieran las condiciones
de aparición de un proletariado como cuerpo.     
G. Deleuze y F. Guattari

Claridad, a nombre de la vanguardia organizada del proletariado y de la juventud y los intelectuales revolucionarios del Perú, saluda la memoria del  gran maestro y agitador ruso.  

                                                                                                        José Carlos Mariátegui

   Para nosotros, los soviets no son importantes por sus formas: lo que nos interesa realmente es la clase de la que son expresión.                                                                                                            V. I. Lenin

 

El rechazo a Lenin es un signo de los tiempos y tal vez de lo que Walsh llamó “déficit de historicidad”. No hace falta escuchar a sus refutadores más encarnizados, a aquellos que lo asimilan al “totalitarismo”, como si el credo en la libertad del individuo resolviera el escándalo de la explotación social. Alcanza con escuchar a quienes lo reivindican para entenderlo. En el medio hay de todo: el peronismo festeja el óleo del pintor Daniel Santoro, que muestra a Eva Perón castigando a un Lenin bebé desnudo sobre su regazo, mientras que para el pensador post-obrerista italiano Franco Berardi (Bifo), Lenin es el exponente de un catastrófico Cristo oriental, cuya búsqueda de pureza –procedente del espiritualismo ruso- llevó al bolchevismo a desprenderse de las pulsiones del proletariado en favor de la encarnación de una Idea. Si para el peronismo, con la exclusión desde luego de John W. Cooke y del llamado peronismo revolucionario, Lenin es un impulso extremo incapaz de centro, para el postobrerista se trata de un sujeto en colapso psíquico, de una inteligencia depresiva resuelta por la vía de una aceleración voluntarista propiamente masculina. Y hay más. La crítica libertaria acentuará su autoritarismo, el comunismo de guerra, la represión de la rebelión de Kronstadt. No es el caso de Rosa Luxemburgo -asesinada por la socialdemocracia en 1919, cuando el leninismo de Estado aun no se había desarrollado lo suficiente-, cuya polémica sobre la espontaneidad de las masas se asentaba sobre otra base de afinidades comunes. Tampoco es el caso de León Trotsky, cuya profunda admiración por Lenin está reflejada en su extraordinario libro Mi vida. También es diferente el caso de el Che Guevara, que adopta de Lenin –más que de Marx- su compresión de la revolución como excepción, pero lo critica –lo llama “el gran culpable”- cuando estudia la bibliografía de los manuales procedentes de la URSS que circulaban en Cuba en los inicios de los años 60, apuntando sobre los peligros de la teorización leninista de la Nueva Economía Política, que hacía subsistir la ley del valor en el socialismo. ¿Cuándo comenzó a pudrirse la revolución? ¿Con la estatización de los soviets? ¿Con la burocratización del centralismo democrático? ¿Con la llegada al poder de Stalin? Todas las preguntas acumuladas a lo largo del siglo XX –siglo que culmina con la restauración- ahora se levantan contra él, acusatorias.

Como balance del ciclo de las revoluciones subsiste un reproche. La revolución sólo fue una ilusión, lo único real parecen ser sus costos. El realismo se ha vuelto antileninista. Y se llena la boca hablando de “Estado de derecho”. Sin importar lo que hay de ilusión en sus propios razonamientos. Sin pudor por sostener un ideal democrático castrado. Un realismo sin revolución cuyo único efecto verificable es el de incapacitar a la democracia para toda actividad igualitaria. La propia izquierda asume este balance cuando lee a Gramsci sin Lenin, y olvida que Lenin era para Gramsci la hipótesis misma del “príncipe colectivo”. Es la tesis de la traductibilidad. Gramsci interesa justamente por ser un leninista agudo. Es decir, por captar en Lenin a Maquiavelo. ¿Cómo hacen los profesores de teoría política para enseñar la grandeza del florentino sin mencionar al ruso? Hasta Karl Schmitt, el pensador extremo de lo político como comunidad estatal (la política como enemistad entre los Estados), proclamaba la genialidad de su principal enemigo, el inventor de una política distinta, “partisana”, capaz de destruir la politización del Estado por la vía de la politización del antagonismo de clases.

Foto tomada el 6 de octubre de 1918, en Moscú

La cuestión de un realismo político revolucionario proviene de Maquiavelo. Se trata justamente de comprender lo político como aquello que se pierde cuando se activan la ilusión y la utopía, cuestión esta última perfectamente clara para un Gramsci o un Schmitt. Como cualquier otra, la ilusión revolucionaria conduce a la desilusión, esteriliza la estructura cognitiva propia de lucha democrática (la crisis, la lucha de masas, la revolución son también experiencias epistémicas, modos de pensar). Según el autor de El Príncipe, lo propio de los sujetos consiste en proyectar sus deseos y confiar en ellos a costa de los signos que evidencian el peso imponente del orden real que desearían transformar. De allí que la política tenga algo de difícil, una ciencia (o un arte). Maquiavelo llama “fortuna” a esa red viva de encadenamientos causales, en continua recombinación, que determina mutaciones incalculables sobre las situaciones sobre las que se aspira a actuar. El choque entre lo continuo del deseo –ilusión- y la variabilidad de las determinaciones –fortuna- abre para Maquiavelo el saber propiamente político de la “virtud”, que no es otra cosa que la capacidad de activar una analítica parcial (fechada) y local (circunscripta) sobre aquellos movimientos que afectan la situación en el corto plazo, de modo que la acción se ajuste a los posibles que sugiere la cadena de determinaciones. ¿Y Lenin? Mediante su lectura de las luchas de fines del siglo XIX ruso y de La Lógica de Hegel y El Capital de Marx, el líder bolchevique actualiza la cartografía del saber político maquiaveliano, fundado siempre en el antagonismo, en la constitución de un “sujeto finito” -forjador de ideas de corto plazo-, y en un intenso anti-utopismo, como modo de prevenir la absorción de este saber provisorio y de tipo estratégico hacia un plano de trascendencia moral o teológico (“la fantasmagoría del deber ser”)[1].

Luego de décadas de glorificación sobrevienen décadas de demonización. La ortodoxia leninista en todas sus variantes deshistoriza en beneficio del antileninismo. Dos caras de un mismo borramiento. Salvo, quizás, que subsista una recuperación subversiva, libre y desobediente de toda mistificación, capaz de componer un Lenin más allá de todo “leninismo”. ¿Es posible concebir un Lenin cartográfico, fascinado con la espontaneidad de la lucha de masas? ¿Existió eso? Tal vez. Puede rastrearse, es solo un ejemplo, el bellísimo seminario que dictó Antonio Negri, en 1972, en el Instituto de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Políticas de Padua, publicado bajo el título La fábrica de la estrategia. 33 lecciones sobre Lenin. Debe haber más. ¿Un Lenin autonomista? Sí. Un Lenin que apuntó a la creación de una forma política a la altura de la espontaneidad de las luchas, de la complejidad de la formación social rusa, de la articulación entre lucha económica y política, y de la afirmación de deseos y aspiraciones proletarias y populares. No se trata de la vigencia eterna de Lenin, puesto que la estrategia se ajusta a una coyuntura y a una determinada “composición de clase” (y la teoría del partido de Lenin se corresponde, según Negri, con la fase de subsunción formal de trabajo en el capital), sino de una lectura que actualiza el punto de vista revolucionario. El Qué hacer debe ser traducido nuevamente. Se ha entendido todo mal. La tesis de una vanguardia “exterior” a la clase trabajadora hizo olvidar que dicha vanguardia es obrera, que la ciencia de partido es el punto de vista de la lucha plebeya -no un nuevo positivismo vulgar-, y que en el Occidente moderno –traductibilidad gramsciana-, donde la subsunción del trabajo al capital ha llegado a ser real, el análisis teórico no tiene porqué provenir de un grupo separado sino de los mismos movimientos en lucha. El propio centralismo democrático, dice Negri, no sería otra cosa que una necesidad dependiente del contexto de la autocracia rusa. Partido de la inmanencia como transición revolucionaria en que la vanguardia deviene “vanguardia de masas”. Un Lenin contemporáneo necesita de nuestra propia contemporaneidad, es decir, de una actualización cartográfica.

Lenin fue leído también como potencia nominalista, una de las “mil mesetas” de Deleuze y Guattari. En A propósito de las consignas (1917) los autores encuentran “un tipo de enunciado específicamente leninista en la Rusia Soviética”. Se trata, dicen, de una máquina de enunciación propiamente literaria. Como en Kafka: escribir es adelantar el reloj: huir, sostenerse y agarrar el mundo. La política trabajando el lenguaje desde su interior. Si la Primera Internacional “inventa” un nuevo tipo de clase (“Proletarios de todos los países del mundo, uníos.”), la ruptura leninista con la socialdemocracia inventa una segunda “transformación incorporal” que extrae de la clase proletaria una vanguardia como “agenciamiento de enunciación” (“a riesgo de caer en un sistema de redundancia específicamente burocrático”). Interesados por fechar acontecimientos, los autores citan a Lenin cuando afirma que la consigna “todo el poder a los soviets” solo fue válida entre el 27 de febrero y el 4 de julio de 1917. Es decir, fue útil para el desarrollo pacífico de la revolución pero ya no para la guerra. Y es que, dice Lenin,  “toda consigna debe ser deducida de la suma de particularidades de una situación política dada”. La idea de que la actividad política es capacidad de escucha y alianza con el síntoma presente en el campo social divido en clases es quizás la más pervertida por las tecnologías de los focus group.

Lo que nos separa de Lenin es demasiado, aunque su nombre permanezca como representante de un realismo revolucionario peligrosamente ausente. No es que no haya aparecido nada desde entonces, pero no es tanto lo que se hizo en nombre de la revolución por fuera del lenguaje leninista. Quizás por el lado de Félix Guattari se puedan encontrar síntesis originales. Su noción de “transversalidad” (y luego la de metamodelización) permite reunir radicalidades diversas. “Ecologías” las llama. Guattari supo sostener una atención múltiple a planos de existencia de los más variados. Su “revolución molecular” se nutría de procesos activos -movimientos sociales, tecnológicos, artísticos, salud mental, mundo “psi”, partido verde, feminismo, obrerismo italiano y un largo etcétera-, en diferentes lugares del mundo como en Brasil y Japón. Toda su obra es un intento de actualización cartográfica de los flujos del capital (Capitalismo Mundial Integrado, época de la subsunción de la vida en el capital) y de subjetivaciones deseantes. ¿Hay lugar en esta proliferación para un realismo revolucionario? ¿Es aún necesaria la organización y la estrategia cuando lo que ocurre es una pluralidad heterogenética que multiplica los posibles de intervención en un campo social tomado por el caos y la complejidad? Estimo que sí, que si la “caósmosis” guattariana acaba con el postulado de una instancia política como instancia privilegiada (fetichismo de lo político), no es porque renuncie al problema principal de la revolución –el antagonismo de clases en la relación social capitalista- sino porque se deshace de estereotipos y nostalgias.

La proliferación de movimientos y subjetivaciones que recorrió el territorio sudamericano durante la última década corre riesgos de perderse, si no emerge un realismo revolucionario capaz de volver a trazar una correlación entre la materialidad de las luchas, las formas de reproducción material y la naturaleza de las instituciones. La revolución no es tanto el diseño  de una voluntad como el movimiento absoluto de la tierra. Movimientos tan reales como incalculables (“fortuna”). El pensamiento político y filosófico de ese absoluto (“virtud”) solo puede ser vivido como algo raro e inminente. De ahí el estado anacrónico de “preparación” en que vive el revolucionario. Prepara una figuración inédita: La de un “príncipe” (como decía del poder colectivo el comunista Gramsci; una “entidad emergente-heterogénea”, siguiendo a Guattari) capaz de dramatizar la afirmación de una autonomía que haga de lo común el fundamento de la “República”. No se trata por tanto de evocar a Lenin eludiendo toda definición sobre nuestra relación con él. No. A Lenin lo necesitamos aún cuando ya no lo asumamos como premisa, como un sistema de fidelidades, citas o esquemas a presuponer. Lo que nos liga a él es una confrontación íntima e inacabada sobre la forma política que permite la afirmación de la autonomía del trabajo vivo. Esa forma política que articula, habilita la decisión colectiva y puede ensayar formas de neutralizar la violencia represiva, sigue pesando, en su ausencia, sobre nuestra coyuntura.

[1] Ver Gabriel Albiac, Sumisiones voluntarias. La invención del sujeto político: De Maquiavelo a Spinoza. Tecnos, Madrid, 2011.

 

 

Fuente: 

http://lobosuelto.com/?p=12913

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CLINAMEN: ¿QUÉ LENIN HOY? (Audio)

12 de noviembre de 2017 / Fuente: Mar en Coche

Diego Sztulwark reflexiona sobre los 100 años de la Revolución Rusa y propone una perspectiva posible para analizar sus influencias hoy. “La revolución no es tanto el diseño de una voluntad como el movimiento absoluto de la tierra”, propone.

Lee el artículo completo en Lobo Suelto.

 

Fuente:

https://marencoche.wordpress.com/2017/11/07/clinamen-que-lenin-hoy/

100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA: LAS VANGUARDIAS ARTÍSTICAS (Audio)

12 de noviembre de 2017 / Fuente: Mar en Coche

Claudio Espector es el fundador de las Orquestas Infantiles y Juveniles de la ciudad. Se formó como compositor en la Unión Soviética y en esta charla, que cuenta con la participación de Marcelo Zanelli, repasa músicas y autores de la revolución.

 

Fuente:

https://marencoche.wordpress.com/2017/11/07/100-anos-de-la-revolucion-rusa-las-vanguardias-artisticas/

México/UAM-A: Audio de la segunda sesión del Seminario sobre Procesos de Emancipación de los Pueblos Originarios y Afrodescendientes

El pasado 29 de octubre se realizó la segunda sesión del Seminario sobre Procesos de Emancipación de los Pueblos Originarios y Afrodescendientes, gracias a que unos compas pudieron grabar el audio les podemos dejar aquí la sesión.

Los compas de Tonantzin Guadalupe también pudieron enviar una síntesis sobre la participación del Maestro Filo la sesión anterior la pueden checar en:

http://www.tonantzinguadalupe.org/el-maestro-filo-en-la-facultad-de-arquitectura-de-la-unam/

Se puede descargar en:

https://trabajadoresyrevolucion.files.wordpress.com/2017/10/27-30-tonantzinguadalupe-org.pdf

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El golpe bajo que las AFORES le acaban de dar a tu futuro

Blog de Lerolico

#PorLosSuelos: El golpe bajo que las AFORES le acaban de dar a tu futuro

Quizá, como muchos mexicanos sólo esperas que al momento de tu retiro puedas tener un ahorro para disfrutar de una jubilación digna… Pero como van las cosas, parece que no será así.

En el último año el panorama no es nada alentador, pero como siempre, las autoridades ya encontraron a qué echarle la culpa.

Resulta que de junio de 2016 a junio de 2017, las famosas AFORES, que concentran el ahorro para el retiro de los trabajadores mexicanos, tuvieron un rendimiento de miseria, de apenas 0.37 por ciento.

Pero no te preocupes, esto no tiene nada que ver con las advertencias de que el sistema de AFORES está colapsando; las autoridades dicen que todo es culpa de Donald Trump.

Así…

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La Revolución rusa: el final

EL BLOG DE MANUEL CERDÀ

lenin_second_anniversary_october_revolution_moscow Lenin y Trotski en el segundo aniversario de la Revolución rusa (1919).

Una revolución –tal como utilizamos el concepto desde la Ilustración– es un cambio profundo y brusco en la organización del Estado y en la estructura social. Representa una ruptura en la continuidad en el orden político, económico, social o cultural e implica una serie de trasformaciones drásticas y radicales con independencia de su carácter violento. Mas no todo se transforma al mismo ritmo. La mentalidad, como dijo Le Goff, es lo que cambia con mayor lentitud. Y como quiera que las revoluciones las protagonizan las personas –unas que lideran y dirigen la multitud, la masa, la clase obrera, las clases populares, como prefieran, que ven en esa élite/vanguardia directora a los defensores del común de sus intereses, que no siempre son ‘revolucionarios’– tal aseveración comporta una discordancia entre unos y otros.

Esta consideración no es únicamente válida para…

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La Revolución de Octubre y las vanguardias

12 de noviembre de 2017 / Autor: Mario Goloboff / Fuente: Página 12

Hay grandes obras que, aunque restan inconclusas, o quizás porque restan inconclusas, subrayan su intención, su hechura para la posteridad, ya que estarían señalando lo inconmensurable, la imposibilidad de ciertos sueños humanos, los límites del mínimo hombre. Sucede con algunos textos de Franz Kafka (entre otros, nada menos que con El proceso y El castillo); sucede con El buen soldado Švejk, de Jaroslav Hasek, la gran sátira checa que “solo” llegó a completar cuatro volúmenes de los seis planeados; relativamente parecido es lo que pasa con la famosa Sinfonía, también “Inacabada”, de Franz Schubert, o con el Requiem en D menor de Wolfgang Amadeus Mozart; sucede con el templo de Antoni Gaudí, La Sagrada Familia, en Barcelona, el cual, comenzada su ejecución en 1882, aún no se ha terminado de construir. Pasó también, casi obligadamente, con el Monumento a la Tercera Internacional, cuya colosal maqueta, diseñada por Vladimir Tatlin, y presentada en 1920, jamás se transformó en una obra incorporada a la realidad.

Vladimir Tatlin, iniciador del Constructivismo, nació en Járkov, Ucrania, en 1885, hijo de un ingeniero de ferrocarriles y una poeta. Trabajó como cadete del mar y joven comerciante, y pasó algún tiempo en el extranjero. Comenzó su carrera artística como pintor de íconos en Moscú, y asistió a la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura. También fue músico, “bandurist” (la bandura es un instrumento ucraniano de cuerda pulsada, que combina los elementos de la cítara y el laúd), y actuó en la Exposición Universal de París en 1906. Fue uno de los entusiastas de la vanguardia eslava, y al inicio del período soviético sostuvo que el arte debía integrarse en el conjunto de la producción, disolverse en la vida cotidiana y renunciar a su función exclusivamente estética. No es que la Revolución haya impuesto a los artistas estos trasvases; ellos mismos venían sosteniendo que el arte debía incorporarse a la vida diaria, y que era del cambio en las formas estéticas que iban a venir los cambios en la forma de vivir. Por eso, la gran fuerza que mantuvo unida a la vanguardia rusa fue política.

Si, como sostiene Peter Bürger (Theorie der Avantgarde, 1974), lo que distingue a los movimientos de las primeras décadas del siglo XX de cualquier ruptura estética anterior es “el intento de organizar, a partir del arte, una nueva praxis vital”, ellos vieron en las revueltas contra el zarismo, y finalmente en la Revolución de Octubre, la concreción de esa posibilidad. El embanderamiento de la mayoría de sus componentes, su acalorada y firme participación en la construcción de una nueva sociedad, representaron la razón, el ápice y el drama de esas vidas. Alentados en los primeros tiempos por la tolerancia de Lenin, por las cultas distinciones de León Trotsky, tuvieron en el Comisariado de la Educación y de las Artes (Narkompros) un apoyo respetuoso, y en Anatoli Lunacharsky, el sutil y cultivado “Comisario de la Ilustración”, a un impulsor y protector.  Al principio se logró, por primera vez en la historia, conciliar la voluntad de construir una nueva sociedad con los cambios perseguidos por las vanguardias en el campo artístico. Era el momento de poner a prueba el arte como factor de transformación social, y ellos aceptaron este reto, asumiendo el protagonismo en la nueva política cultural y la dedicación a la docencia artística como forma de educar al pueblo. Luego, la burocracia fue fortaleciendo sus criterios pedagógicos y conservadores, hasta imponer las recetas realistas de Andrei Zhdanov y los extremos de represión que después se conocieron.

Fue, sin embargo, en el seno de la propia izquierda estética y revolucionaria que surgieron concepciones enfrentadas respecto de la función que debía cumplir el arte. Si para Vladimir Tatlin era ineludible su acción de servicio hacia la nueva sociedad (el arte debía integrarse en la producción, convertido en obras de arquitectura, en diseño industrial, en publicidad y difusión), para Kazimir Malevich la investigación artística tenía que ser ajena a toda contaminación externa. Los constructivistas, con Tatlin a la cabeza, negaban validez al arte como actividad exclusivamente estética, y exigían su disolución en la vida cotidiana. Ante la individualidad creadora, el Constructivismo oponía el sentido de una producción cultural colectiva. Frente a la pura investigación formal, requerían inmediatez para la resolución de las demandas populares. De lo que consideraban juego gratuito y mera especulación en la investigación plástica, se pasó a la búsqueda de una fusión entre arte y tecnología, señaladas como los mayores agentes del cambio social. Tatlin llegaría al Constructivismo partiendo del Cubismo y el Futurismo; del primero tomó su descomposición de los objetos por planos y del segundo el interés por el uso de todo tipo de materiales, plásticos y verbales, y la incorporación de la mecánica y del maquinismo. En 1913 había visitado el estudio de Pablo Picasso, en París, donde tuvo oportunidad de ver las esculturas y las pinturas, con añadidos de cartones recortados o plegados, que utilizaba para sus experiencias cubistas.

Después de la Revolución de Octubre, todo su trabajo estuvo presidido por la idea del artista-constructor. Donde mejor pudo plasmar sus ideales, esa transformación de los elementos de la cultura industrial (hierro, acero y cristal) en volúmenes, planos, colores, superficie y luz, fue en el proyecto para el Monumento a la Tercera Internacional, cuya maqueta presentó en 1920. El edificio era concebido como la superposición de tres cuerpos geométricos, con unos 400 m de alto: un cubo, una pirámide y un cilindro, articulados por un eje vertical y cubiertos por una estructura helicoidal ascendente; dentro de la estructura de hierro y acero de espirales dobles, el diseño preveía tres bloques de construcción, con ventanas de vidrio, que girarían a velocidades diferentes: la primera, un cubo, una vez al año; la segunda, una pirámide, una vez al mes; la tercera, un cilindro, una vez al día. Los tres volúmenes albergarían, respectivamente, las salas de congresos, las del órgano ejecutivo y el centro de comunicaciones, rematados por un mecanismo para proyectar imágenes y sonido. Emblema de la utopía socialista apoyado por la tecnología, el monumento se imaginaba como un faro que alumbra el nuevo mundo.

Las investigaciones plásticas de los constructivistas tuvieron una influencia directa en el desarrollo de la arquitectura moderna. Su decidida aspiración de unir arte y sociedad encontraba plasmación natural en esta, como compendio de las artes plásticas y, aunque sus realizaciones fueron pocas, las búsquedas cristalizaron en proyectos significativos para su desarrollo. Tatlin también se dedicó al estudio de la ropa y de objetos, muebles, vajilla. Antes del final de su vida, empezó a investigar el vuelo de los pájaros. Esa idea culminaría entre 1929 y 1932 con unas esculturas volantes, a las que puso el nombre de Letatlin, que recuerdan los diseños de Leonardo da Vinci. Ello, con el fin de construir un aparato al que dio forma, para emprender la realización de otro de los grandes sueños de la humanidad: el vuelo.

Fuente:

https://www.pagina12.com.ar/71498-la-revolucion-de-octubre-y-las-vanguardias

Zeferino Nandayapa ingresó al Salón de la Fama de EU

10 de noviembre de 2017 / Autor: Xavier Quirarte / Fuente: Milenio

El músico chiapaneco “abrió nuevos caminos para la tradición de la marimba”, dice su hijo Javier.

Hay enseñanzas de vida que no se olvidan, como cuando Javier Nandayapa iba a presentarse con la marimba de su padre en un concierto organizado por la Secretaría de Educación Pública (SEP). Al llegar al lugar, advirtieron que solo había dos personas. Molesto, Javier, declaró: “Vamos a cancelar”.

Su padre, don Zeferino Nandayapa (1931-2010), un hombre comprometido con su arte, no compartía la idea de su hijo, recuerda Javier en entrevista: “Era 1989, cuando yo empezaba a tocar, y teníamos un grupo que dependía de la SEP, así que teníamos un sueldo base, trabajáramos o no, pero recuerdo que muchas veces había problemas de logística para nuestras presentaciones”. Su padre, don Zeferino Nandayapa (1931-2010), un hombre comprometido con su arte, no compartía la idea de su hijo, recuerda Javier en entrevista: “Era 1989, cuando yo empezaba a tocar, y teníamos un grupo que dependía de la SEP, así que teníamos un sueldo base, trabajáramos o no, pero recuerdo que muchas veces había problemas de logística para nuestras presentaciones”.

Aquella vez debían tocar en un edificio de gobierno, al que solo habían llegado dos personas para escuchar el concierto. “Yo le propuse a mi papá cancelar el concierto, argumentando que cómo era posible que no hubieran hecho publicidad —recuerda Javier—. Él simplemente se volteó y me dijo: ‘Oye, no vamos a cancelar el concierto. Así sea solo una persona la que se haya tomado la molestia de venir a escuchar nuestra música, vale la pena tocar’”.

Este es solo uno de los muchos ejemplos de que el marimbista “fue siempre un hombre muy comprometido con su arte, un músico que entregaba todo —agrega—. Para él la música era lo más importante, tratar de brindar lo mejor de sí en un espectáculo. No puedo olvidar este tipo de enseñanzas que nos dejó sobre su responsabilidad como artista, buscar siempre el nivel óptimo de calidad en la interpretación”.

A partir de ayer, Zeferino Nandayapa ingresó al Salón de la Fama de la Sociedad de las Artes Percusivas (PAS, por sus siglas en inglés), con sede en Indianápolis. Su nombre se agrega al de músicos célebres como Art Blakey, Steve Reich, Ringo Starr, Tito Puente, Lionel Hampton y Edgar Varèse, entre otros. Es el primer músico mexicano y el primer marimbista latinoamericano que recibe tal honor. En la misma ceremonia también fueron reconocidos Andy Narell, Bobby Hutcherson y el Percussion Group Cincinnati.

Joshua Simonds, director ejecutivo de la PAS, señaló en un boletín que le emocionaba que un grupo constituido por consejeros, antiguos presidentes de la sociedad y el grupo de directores hubiera elegido a un conjunto tan diverso de percusionistas. “Un virtuoso de los tambores steel pan, Andy Narell; un ícono nacional, Zeferino Nandayapa; el brillante (vibrafonista y marimbista) Bobby Hutcherson, y uno de los ensambles históricos de todos los tiempos, el Percussion Group Cincinnati”, declaró el también director ejecutivo de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Chicago.

Javier asegura que su padre “abrió nuevos caminos para la tradición de la marimba: siempre se preocupó porque no se quedara como el instrumento que toca solamente música popular o folclor. Siempre buscó que toda su música tuviera un sello de calidad, que la marimba tuviera realce en la cuestión musical con nuevas armonías, nuevos arreglos”.

Don Zeferino Nandayapa luchó toda su vida para que su instrumento tuviera un lugar digno en las salas de concierto, agregó el también marimbista: “Él lo demostró al pisar los grandes escenarios del mundo. Su legado se refleja en las nuevas generaciones de intérpretes de ese instrumento que están surgiendo en México, principalmente en Chiapas, que ven en mi padre un ejemplo a seguir. Tenemos muchos ejemplos de marimbas infantiles en Tabasco, Oaxaca y otros estados”.

También advierte que la trayectoria de su padre ha sido un ejemplo a seguir por músicos de varias generaciones. Merecedor de reconocimientos tan importantes como la Medalla de la Paz de la ONU, el Premio a la Excelencia Europea en París, el Premio Nacional de las Artes en México y el Premio de la Sociedad de Percusiones de Bélgica, “es un ícono de la marimba mexicana”, sintetiza su hijo.

Fuente:

http://www.milenio.com/cultura/zeferino_nandayapa-salon_fama-eu-marimba-espectaculo-marimbista-vibrafonista-milenio_0_1064293569.html

Rusia 1917, un caleidoscopio de revoluciones / RFI – París América (Audio)

8 de noviembre de 2017 / Autor: Carlos Herranz / Fuente: Radio Francia Internacional

Hoy entrevistamos al historiador español Julián Casanova a propósito de los 100 años que se cumplen de la revolución rusa. En su libro “La venganza de los siervos” (Editorial Crítica) trata, ante todo, de destruir viejos mitos a través del conocimiento y del rigor. Casanova comienza estudiando la realidad de esa monarquía anquilosada, cuya incapacidad puso a prueba la guerra, y sigue después el desarrollo de los sucesos que hicieron posible el acceso al poder de los bolcheviques.

 

Tiene por frase de cabecera nuestro invitado de hoy que «No hay explicaciones simples para los grandes acontecimientos»,  Y eso justamente pasa cuando desde la atalaya del tiempo miramos lo que pasó en Rusia hace ahora 100 años. Casi ningún aspecto de la sociedad de entonces, ni la política ni la economía ni la cultura quedó intacto al paso de las “revoluciones” rusas de 1917, y usamos el plural para describir ese conjunto de revoluciones simultáneas y superpuestas que se desarrolló.  “Un caleidoscopio de revoluciones”, así lo explica y describe en su libro “La venganza de los siervos” el historiador español Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y que nos atiende desde Budapest, donde se encuentra impartiendo un máster en la Universidad Centroeuropea.

 

 

 

Hablamos de cómo se terminó el sistema zarista, qué claves no hay que perder de vista en este centenario y qué ópticas han tenido sucesivas generaciones de historiadores para explicar uno de los acontecimientos que sin duda han marcado como pocos la historia del siglo XX.

Portada de “La venganza de los siervos” de Julián CasanovaRFI

Sobre nuestro invitado….

Julián Casanova es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza. Autor, entre otros trabajos, de “De la calle al frente. El anarcosindicalismo en España” (1997), “La Iglesia de Franco” (2001), “República y guerra civil” (2007) e “Historia de España en el siglo XX”, y “Breve historia de España en el siglo XX” con Carlos Gil Andrés (2009 y 2012). Sus últimos libros son “Europa contra Europa, 1914-1945” (2011) y “A Short History of the Spanish Civil War”. Casanova ha sido profesor visitante en prestigiosas universidades británicas, estadounidenses y latinoamericanas y es miembro del consejo de redacción de varias revistas científicas (entre ellas, Historia Social, Cuadernos de Historia de España –Buenos Aires- y The Internacional Journal of Iberian Studies). Colaborador habitual del programa “Julia en la Onda” de la radio española Onda Cero y de la páginas de opinión del diario El País.

Fuente:

http://es.rfi.fr/general/20171108-rusia-1917-un-caleidoscopio-de-revoluciones