Cornell iluminado

Bemol sostenido
Por Alonso Arreola

Pasados diez días de su fallecimiento, enfriado el asunto en el refrigerador mental y luego de revisar mucho repertorio, deseamos decir algunas cosas sobre Chris Cornell. Claro, nosotros fuimos de ésos que se sorprendieron con el advenimiento de Soundgarden a finales de los ochenta, cuando el polémico género grunge vio la luz. Algunos dicen que lo único que unió a las bandas catapultadas por el éxito posterior de Nirvana fue la geografía, pues en realidad no se parecían en nada. Otros creemos que si bien se trata de una etiqueta de mercado débil, sí representó el regreso de un rock clásico a la radio, y que la coalición de aquellos músicos resultó benéfica frente al mainstream. Debemos precisar, contra lo que muchos piensan, que si Soundgarden, Mudhoney, Alice In Chains y Pearl Jam surgieron en Seattle, otras agrupaciones como Nirvana, Stone Temple Pilots y posteriores como Hole, L7, Smashing Pumpkins y Everclear, sumaron a músicos de muy diferentes latitudes. Dicho esto, ¿cuál es la relevancia de Chris Cornell en el rock anglosajón?

Influenciado por los tríos de los sesenta, el punk de los setenta y el metal subyacente en los ochenta, Cornell fue pionero en un movimiento distorsionado que, superando la rebeldía tímbrica, se interesó en la calidad interpretativa. Cantante superdotado (como ninguno de su generación), a eso se añadió una personalidad escénica avasallante cuya seriedad mantenía a las palabras en el centro de todo. Letrista prolífico, además de su trabajo con Soundgarden y Audioslave –los proyectos más reconocidos de su carrera–, escribió cinco discos como solista y tuvo una histórica participación en Temple of the Dog, agrupación señera cuyo único disco celebró veinticinco años en 2016 (tour incluido).

Éxitos como “Black Hole Sun” y “Like a Stone” (una de Soundgarden, otra de Audioslave), dan fe de su facilidad para convertir la oscuridad en luz incandescente, lo que afianzó su figura alrededor del mundo y le dio credibilidad, pues nunca tomó el camino de la condescendencia. Así lo creemos mientras escuchamos sus creaciones con Tom Morello (colega en Audioslave y exRage Against The Machine), con quien alcanzó enorme altura y poderío. De allí que tras su muerte el guitarrista y amigo plasmara su dolor en un poema en el que le dice: “You’re twilight and star burn and shade […] You’re a brush fire, you’re caged, you’re free.”

Ahora bien, no podemos escribir sobre Chris Cornell sin señalar abordajes mayúsculos a canciones ajenas, atrevimientos que muchos criticaron y que nosotros celebramos de pie. Entre los más impresionantes están “Billie Jean”, de Michael Jackson, allí donde el legendario ritmo de 4/4 se convierte en máquina terciaria, base para un blues que disloca la semántica de su historia. Encomiable de verdad. O “Imagine”, de John Lennon, en una versión dolorosa y replicante; otro acierto que reevalúa la esperanza original del exBeatle en el mundo contemporáneo. Tributo a Prince, “Nothing Compares 2U”, famosa en los ochenta gracias a la voz y rostro de Sinead O’Connor, es monumento que Cornell cincela desde el capricho personal, exaltando su vena poética. De entre estos préstamos, empero, sin duda el más extravagante es el que fusiona la música de “One”, original de U2 en el álbum Achtung Baby, con la letra de “One” (mismo nombre, sí), pero perteneciente al disco And Justice for All, de Metallica. Una genialidad lúdica que en su garganta fluye con naturalidad y belleza.

Mención aparte merece “Thank You”, de Led Zeppelin, uno de sus más queridos grupos. Transparente sobre la guitarra acústica, se instala en un folk nítido, cuna de un procedimiento imperativo para Cornell: la “canción de fogata”, ésa que resiste y brilla en el minimalismo para luego, si se quiere, guarecerse en cualquier instrumentación posible: “If the sun refused to shine, I would still be loving you.” Esto nos recuerda que la última pieza que cantara en su vida (en el Fox Theatre de Detroit), horas antes de suicidarse, fue “In My Time Of Dying”, precisamente de Zeppelin. ¿Coincidencia? Nunca lo sabremos. Lo cierto es que no pudo haber mejor despedida: “In my time of dying, I want nobody to mourn. All I want for you to do is take my body home.”

Mucho se habló de su atractivo físico, además. Y sí, era un galán, el prototipo perfecto de la bestia rockera. Pero su talento fue tan grande que las superficialidades sobran este domingo. Así que hágase un favor y busque, antes que otra cosa, el concierto acústico en Suecia grabado en 2011, Songbook. Allí conocerá su canto diáfano, su compromiso literario. Luego escúchelo con Temple of the Dog, Soundgarden y Audioslave, en ese orden. Luego valore si teníamos o no razones para sufrir su pérdida en un mundo de carencias sentimentales. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos.

http://semanal.jornada.com.mx/2017/05/28/bemol-sostenido-3162.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s